Para Emita
Hoy cumple (cumpliría) años mi abuela. Lo que voy a poner acá ya tiene su tiempo de escrito, pero igual lo pongo porque es para ella.
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Instantes
Me dijeron que ella ya no recuerda nada. Tiene una enfermedad que no deja que guarde cosas en su cabeza, como mi nombre por ejemplo. No recuerdo el nombre de la enfermedad porque es muy complicado, pero debe ser el nombre de un señor que murió hace mucho; casi todos los nombres raros vienen de señores muertos. Nunca la llevaron a un hospital por su enfermedad. La visitan médicos y tiene enfermeras, pero nunca la he visto en uno de esos cuartos blancos con televisión, y DVD, y comida en la cama, y todo lo que muestran en las series de televisión que ve mi mamá. Los médicos que la visitan no llevan batas y las enfermeras no visten de blanco; solo sé que son médicos y enfermeras porque mi mamá me contó. Mi abuela antes se acordaba de mi nombre, y del suyo, y de cómo me gustaba el chocolate caliente, y de cómo hablar; ahora no se acuerda de cómo moverse, ni de cómo comer. Una prima me contó que su memoria ya no dura ni siquiera un segundo…
He pensado mucho sobre eso y menos de un segundo es muy poquito tiempo. Es como si no me acordara de haber parpadeado mientras parpadeo, entonces no sabría si estaba parpadeando, o tenía los ojos cerrados, o estaba durmiendo. Es como encontrarse con un mundo nuevo todo el tiempo, pero un mundo nuevo que dura menos de un segundo. Creo que menos de un segundo es igual a un instante. No entendí la definición del diccionario de instante, pero suena a que es muy poquito, igual que la memoria de mi abuela. Es más, debe haber muchos instantes en un segundo, entonces hay muchos más instantes en un minuto, o una hora, ¡o un día! ¡Son muchos mundos nuevos!
Desde que descubrí eso mis visitas a mi abuela son muy distintas. Ahora sí le hablo, le hablo mucho, todo lo que puedo. Le digo cosas como “pastel de chocolate, rayo de sol, calor de gato, helado de fresa, abuelo Tulio, viejita linda (así le decía mi mamá), mañana del sábado” y muchas otras. Se las digo lo más rápido que puedo, porque si logra escuchar alguna de esas cosas en menos de un segundo sé que va a ver un nuevo mundo hermoso. Ojalá vea muchos nuevos mundos así… Me imagino a mi abuela naciendo y muriendo muchas veces en un segundo; cómo la envidio.
18.12.09 a 13.30
Tonto, que haces llorar otra vez
19.12.09 a 1.56
Tenía que ponerlo, jeje.
18.12.09 a 15.53
Este cuento es hermoso. Lo leí en la revista de Lenguajes de Los Andes y me encantó. Trato de leerlo cada vez que puedo.
19.12.09 a 2.03
Me alegra mucho que te guste. ¿Eres de la U? De paso, ¿te conozco?
18.12.09 a 18.22
Qué bonito, Diego. Qué diciembre tan pa’atrás, y uno encontrándose con estas cosas de la nada!, pero qué buena cosa que pueda ser duro y a la cabeza. Así sea una dureza que rompe cabezas duras o endurecidas; que siempre así sea. Qué bueno que ya haya sido publicado! Un abrazo.