Es de noche y un árbol baila

Llevo poco más de año y medio sin poner nada en este blog. Espero que esta sea una forma real de volver y no un intento fallido.

De nuevo, como siempre, critiquen con confianza. Se les agradece.

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Es de noche y un árbol baila

No te acerques a ese árbol. Hagas lo que hagas mantén tu distancia. Si puedes no lo mires fijamente, nunca sabes cuándo te puede estar mirando de vuelta. Siempre debes tener cuidado con esos árboles que no les gusta estar cerca de los otros. No son tan distintos a las personas, como solemos creer. La única diferencia entre ellos y nosotros es que nuestras raíces hacen parte de nuestro pasado, las de ellos los atan de por vida. Piénsalo de esta forma, si un día decides alejarte del resto de las personas, recoges tus cosas (o las dejas botadas, o las quemas) y te vas a otro lugar; un lugar donde nadie te conozca o, mejor aún, donde no haya nadie nuevo para conocerte. Si eres un árbol no es tan fácil. Los árboles nacen alejados de los demás. En sus primeros años piensan en cómo sería su vida con el resto, moviéndose al compás del viento en compañía de los demás, no en la soledad absoluta; pero pasan los años y ningún árbol crece cerca. ¿Sabes lo que eso le puede hacer a la mente de un árbol? Siempre llega un momento en su vida en que saben que deben cambiar. El problema con ellos es que no son como nosotros, que cambiamos nuestro exterior para que combine con nuestro interior. Ellos no pueden cambiar su exterior; entonces empiezan, poco a poco, a cambiarse por dentro para acomodarse a las circunstancias que los definen. Un árbol, hijo, no es más que el producto de sus circunstancias. Él no decide su futuro, sino que se acomoda a él. Entonces esos árboles solitarios empiezan a acomodarse a su soledad, y dejan de verla como una maldición. Ahora saben que si están solos es porque no son como los demás. Si no son como los demás es porque son mejores, porque no necesitan de un montón de arrogantes bailarines afeminados con danzas coreografiadas. ¡No! Ellos hacen sus propios pasos, al vaivén de un viento que es sólo de ellos. Esos árboles no son normales, no. Son árboles que tuvieron que creerse mejor que los demás para poder sobrevivir. O por lo menos para no enloquecer. Ahora es de noche y duerme, pero no te engañes. Es ahora cuando es más peligroso acercarse a él. Es en las noches cuando empieza a soñar que recuerda esas ansias de compañía. Es en este momento cuando puedes sentir la melancolía en el aire. Mira como baila. Ese es el baile del recuerdo y de la pérdida. Una pérdida extraña, porque es la ausencia de lo que nunca tuvo. No te acerques a ese árbol, hijo. Puede que cambies antes del amanecer.

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